Inmunoterapia: Nuestras defensas, las mejores aliadas contra el cáncer

La inmunoterapia es un tipo de tratamiento contra el cáncer que utiliza la capacidad del sistema inmunitario del organismo para combatir el cáncer, bien mediante estimulación del mismo o mediante substancias elaboradas en el laboratorio que contribuyen a mejorar o restaurar el sistema inmunitario, con el fin de que actúe destruyendo las células cancerosas.

¿De qué forma actúa el sistema inmunológico?

El sistema inmunitario es un conjunto de células, órganos y proteínas que ayudan a proteger de infecciones y algunas otras enfermedades. Las células inmunitarias fluyen a través del cuerpo y reconocen las sustancias que normalmente se encuentran en el organismo.  Ante la detección de cualquier sustancia desconocida, se activa una alarma que hace que el sistema la ataque.

A pesar de ello, el sistema inmunitario tiene una capacidad limitada para combatir el cáncer, ya que, a menudo, las células cancerosas no son lo suficientemente diferentes de las normales o, en ocasiones, estas han desarrollado mecanismos para escapar al control del sistema inmunológico, o liberan substancias que impiden que las reconozca.

La inmunoterapia puede ayudar a reforzar nuestro sistema inmunológico y a superar estas barreras en el abordaje del cáncer.

Tipos de inmunoterapia

Existen diferentes tipos de inmunoterapia en función de sus mecanismos de acción:

  • Anticuerpos monoclonales: Cuando el sistema inmunológico detecta la presencia de alguna substancia extraña, produce unas proteínas, los anticuerpos, que se unen a los antígenos para iniciar la respuesta inmunitaria. Los anticuerpos monoclonales se producen en un laboratorio para potenciar los anticuerpos naturales del organismo y en algunos casos pueden llegar a actuar como anticuerpos en sí mismos. Los más utilizados en las últimas dos décadas son los dirigidos en contra de ONCOGENES (por ejemplo, anti HER-2 en cáncer de mama o en cáncer gástrico); o en contra de antígenos asociados a linfomas, como el CD20 en muchos casos de Linfomas No Hodgkin. En esta última década han tenido mucho éxito los anticuerpos monoclonales anti PD-1 (o PD-L1) que al inhibir una proteína inmunosupresora logra reactivar nuestro sistema inmunológico y destruir el tumor (por ejemplo, en melanomas malignos, cáncer de pulmón no microcíticos, y otros varios cánceres ginecológicos, otorrinos o gastrointestinales.
  • Terapia de células T con receptores quiméricos de antígenos (CAR-T): Las células T son células inmunitarias que combaten las infecciones. En este tipo de terapia se obtienen algunas células T de la sangre del paciente, se modifican para que presenten receptores que permiten que las células T reconozcan a las células tumorales, y luego se devuelven estas células al paciente para que puedan localizar el cáncer, se adhieran a él y lo destruyan. Por ahora han tenido más éxito en tumores hematológicos como ciertas leucemias y linfomas, que en los tumores sólidos más frecuentes.
  • Terapia con virus oncolíticos: Este tratamiento experimental utiliza virus que han sido modificados en un laboratorio para infectar y eliminar a ciertas células tumorales. El virus modificado infecta las células cancerosas y se reproduce provocando que estas células se lisen (“exploten”). A medida que mueren, liberan proteínas que activan el sistema inmunológico para atacar cualquier célula cancerosa que tenga las mismas proteínas que las células muertas.
  • Vacunas contra el cáncer: Las vacunas exponen el sistema inmunológico a una proteína extraña, llamada antígeno, para que este la reconozca y la destruya. Existen 2 tipos de vacunas contra el cáncer: vacunas para prevención y vacunas para tratamiento. Las vacunas para prevención más eficaces hasta este momento han sido las del Papiloma Virus Genital Humano (para la prevención de cáncer de cérvix y de algunos tipos de cáncer orofaríngeo); y las vacunas para el Virus de la Hepatitis B (para la prevención de ciertos tipos de hepatocarcinoma o cáncer del hígado). Pero se están investigando muchas otras incluso con la tecnología RNA utilizada con éxito recientemente en varias vacunas anti Covid-19.

Inmunoterapia en diferentes tipos de cáncer

La inmunoterapia tiene efectos diferentes en cada tipo de cáncer, en función de sus particularidades:

Cáncer de cuello uterino

El cáncer de cuello uterino es el cuarto cáncer más común entre las mujeres a nivel mundial y en casi todos los casos está asociado al virus del papiloma humano (VPH).

Existen vacunas de inmunoterapia para prevenir la infección por el VPH que han contribuido a reducir el número de nuevos casos de cáncer de cuello uterino significativamente.

Además, se está estudiando los beneficios de la vacunación en personas infectadas previamente con el VPH. En estos casos, la inmunoterapia (terapia dirigida e inmunomoduladores) es una de las opciones de tratamiento más prometedoras actualmente investigadas.

Cáncer de pulmón

El cáncer de pulmón es el más común a nivel mundial y es la principal causa de muerte asociada al cáncer, tanto en hombres como en mujeres. Habitualmente, la mayoría de los pacientes son diagnosticados cuando la enfermedad ya se encuentra muy avanzada y ni la cirugía, la quimioterapia ni la radioterapia son demasiado efectivas.

La inmunoterapia, especialmente la anti PD-1 o PD-L1, ha supuesto un antes y un después en el tratamiento de este tipo de cáncer. Gracias a esta clase de terapia, muchos pacientes con cáncer de pulmón en etapa avanzada están comenzando a experimentar remisiones duraderas y tasas de supervivencia más altas.

Estudios clínicos recientes que tratan a pacientes solo con inmunoterapia o en combinación con otros tratamientos han demostrado una mejora significativa del paciente. Esto ha llevado a aprobar varias opciones de inmunoterapia, incluso la opción de tratar a los pacientes con inmunoterapia como tratamiento de primera línea en lugar de los tratamientos convencionales.

Efectos secundarios de la inmunoterapia

En ocasiones, la inmunoterapia hace que el sistema inmunitario ataque las células sanas, lo que puede provocar efectos secundarios diversos, en función del tipo de tratamiento, de la ubicación del tumor y de la salud general del paciente.

Los efectos secundarios más frecuentes comprenden reacciones o de tipo “alérgico” inmediato (es el caso de los anticuerpos monoclonales, por ejemplo) – que suelen responder a antihistamínicos o corticoides endovenosos; o en el caso de terapias anti PD-1 (o PD-L1) reacciones autoinmunes que pueden asociarse a episodios de hipotiroidismo, o hipopituitarismo, o colitis autoinmune, o en algunos casos más graves incluso a  hepatitis autoinmunes, o inflamación/fibrosis intersticial autoinmune pulmonar.