Cómo los hábitos saludables pueden mejorar la lucha contra el cáncer

La Unión Europea, hogar del 10% de la población mundial, enfrenta el 25% de los casos de cáncer global. Sin medidas, se prevé un aumento del 25% en casos de cáncer para 2035, convirtiéndose en la principal causa de muerte. La prevención a través de una alimentación y hábitos saludables es clave para reducir el riesgo de cáncer y otras enfermedades no transmisibles, además de tener un impacto positivo en el medio ambiente. Pero, ¿son útiles estos hábitos cuando ya se tiene cáncer?

La importancia de una buena alimentación durante el tratamiento del cáncer

La lucha contra el cáncer no solo se lleva a cabo en los hospitales y consultorios médicos, sino también en nuestros hogares, especialmente alrededor de la mesa del comedor. La alimentación juega un papel fundamental en el proceso de tratamiento. El bienestar general de los pacientes con cáncer depende en gran medida de su estado nutricional, por lo que es esencial reconocer rápidamente cualquier problema nutricional para poder implementar las medidas dietéticas adecuadas.

Durante el tratamiento oncológico, es fundamental comprender que la dieta desempeña un papel vital, especialmente debido a los posibles efectos secundarios del tratamiento. Los tratamientos contra el cáncer, aunque diseñados para atacar las células cancerosas, también pueden afectar a las células sanas y provocar efectos secundarios como disminución del apetito, cambios en el gusto y el olfato, estreñimiento, diarrea, sequedad de boca, intolerancia a la lactosa, náuseas, irritación de la boca y la garganta, dificultad para tragar o vómitos, que pueden influir significativamente en la elección de la dieta.

En estos casos, es necesario realizar ajustes en la dieta para mantener la energía necesaria para combatir estos efectos. Esto puede implicar aumentar la ingesta de proteínas y calorías, e incluso incorporar alimentos como leche, queso y huevos. Por lo tanto, la dieta puede desviarse de lo que convencionalmente se considera saludable. En este contexto, una dieta adaptada y la orientación de los profesionales pueden mejorar la calidad de vida durante todo el proceso de tratamiento.

El papel de la actividad física en la lucha contra el cáncer

La actividad física desempeña un papel crucial en el tratamiento del cáncer, tanto para prevenir y aliviar los efectos secundarios del tratamiento como en la mejora de la calidad de vida del paciente. A lo largo del tratamiento, practicar ejercicio puede ayudar a hacer frente a los efectos secundarios, como la fatiga, la ansiedad y la depresión. Además, puede mejorar la calidad de vida del paciente y su percepción sobre su propia capacidad.

Según estudios llevados a cabo en la Universidad de Turku en Finlandia, sesiones breves de ejercicio suave o moderado pueden aumentar la cantidad de células inmunitarias que combaten el cáncer. Esto destaca la importancia de mantenerse activo durante el tratamiento, ya que el sistema inmunitario desempeña un papel fundamental en la lucha contra la enfermedad.

Es importante que los pacientes encuentren actividades físicas que les gusten, porque los tratamientos contra el cáncer pueden provocar fatiga y disminuir su motivación para hacer ejercicio. La Sociedad Americana Contra El Cáncer recomienda evitar la inactividad y reanudar las actividades diarias normales tras el diagnóstico y el tratamiento tan pronto como sea posible, y realizar alguna actividad física con regularidad. Esto no solo mejora la salud física, sino que también puede tener un impacto positivo en la salud mental y emocional.

En resumen, el tratamiento del cáncer requiere una alimentación saludable y actividad física, ya que ambas desempeñan un papel crucial. Una dieta adecuada puede ayudar a los pacientes a controlar los efectos secundarios y a mantener la energía necesaria para combatir la enfermedad. La actividad física no solo alivia la fatiga y mejora la calidad de vida, sino que también refuerza el sistema inmunitario en la lucha contra el cáncer. Cuando se combinan, estos hábitos beneficiosos se convierten en aliados formidables en la lucha contra esta devastadora enfermedad.